Inertial Drift
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Forget everything you know about drifting. Inertial Drift tears up the racing rule book with innovative twin-stick controls, completely re-imagined driving mechanics and a roster of fiercely individual cars. Set in a 90's retro future, Inertial Drift is an Arcade Racer with a devastatingly unique handling model and unbelievably satisfying twin-stick drift mechanics. Inertial Drift offers a whole new level of accessibility and challenge to the arcade racing genre – for a driving experience genuinely unlike anything you've played before. The left stick is used for steering, while the right hand Drift Stick gives you independent control over your drift. Intuitive for new players and uniquely challenging for pros.
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Entre la genialidad mecánica y la anemia de contenido
Hay un momento en Inertial Drift en el que entiendes lo que el juego quiere de ti. No es en la primera curva, ni cuando el tutorial te explica para qué sirve el stick derecho. Es cuando por fin dejas de pensar en ello: cuando el morro del coche se abre hacia la pared interior, el ángulo del derrape se caza solo entre los dos pulgares y la pantalla entra en ese estado de flujo que los arcades buenos regalan de vez en cuando. Ahí, en ese instante, Inertial Drift es exactamente lo que promete. El problema es que ese instante no siempre llega, y cuando llega, el juego no sabe muy bien qué hacer con él.
Level 91 Entertainment es un estudio de Belfast que financió este juego con fondos del organismo público de cine de Irlanda del Norte, y se nota que cada euro estaba contado. Inertial Drift es su primera producción, y lleva todas las marcas de quien tiene una idea brillante y los recursos justos para desarrollarla hasta cierto punto. La idea en cuestión es el sistema de conducción con doble stick: el izquierdo dirige el coche, el derecho controla el ángulo e intensidad del derrape. No es una metáfora, no es una simplificación — el stick derecho literalmente mueve la cola del vehículo. Es una mecánica que al principio descoloca, que exige un periodo de recalibrado mental, pero que cuando se asienta ofrece algo que no da ningún otro juego de carreras: la sensación de tener el derrape en la mano. De esculpirlo en tiempo real. Cada coche tiene su carácter propio, su umbral de grip, su manera de entrar y salir de curva, y aprender esas particularidades tiene algo adictivo de juego de lucha — cada vehículo como un personaje con su propio conjunto de movimientos que dominar.
Que cada vehículo tenga su propia lógica de derrape es, además, una decisión de diseño valiente. No hay un coche para todos los públicos al que volver como refugio: hay que elegir y comprometerse, aprender su idioma. Los más accesibles perdonan los errores de ángulo y corrigen solos; los avanzados te piden una negociación constante entre acelerador, freno y stick derecho que cuando sale bien produce una satisfacción que tiene más de dominio de instrumento musical que de videojuego de carreras. Eso es raro. Eso merece ser subrayado.
Visualmente el juego respira con soltura. La estética minimal de cel shading, los neones sobre asfalto húmedo, las montañas nevadas de colores planos: todo encaja en esa fantasía retrofuturista de los 90 que el juego persigue con coherencia. No es un juego que impresione técnicamente, pero sí uno que tiene criterio estético, y eso vale más. Lo mismo ocurre con el trabajo sonoro: los motores suenan exagerados y fantásticos, los túneles reverberan de una manera que hace que quieras buscarlos activamente, y la música electrónica acompaña sin molestar.
Y entonces el juego te coloca delante de sus modos y empieza a enseñarte las costuras. Porque Inertial Drift no es un juego de carreras en el sentido que uno esperaría. Es, en su núcleo, un contrarreloj con varias capas de pintura encima. El modo historia existe — tiene personajes, tiene diálogos, tiene un arco narrativo con su moraleja sobre la amistad y el crecimiento personal recién salida del manual de los 90 —, pero tanto el arte de las escenas como las líneas de guión parecen generadas por un equipo diferente al que diseñó la conducción. No es que sean malas; es que son tan sosas, tan insustanciales, que frenan el ritmo del juego más de lo que lo enriquecen. Los personajes se apoyan entre sí con un entusiasmo que roza el manual de autoayuda: si vas en cabeza, tu rival está impresionado; si vas perdiendo, tu rival ve el lado positivo. En un juego de carreras. De derrapes. Ambientado en un Japón retrofuturista. Cierras el diálogo con más ganas de lo que lo abres.
El problema de fondo, el que comparten todos los modos, es que nunca hay más de un rival en pista. A veces ni eso. El fantasma, la prueba de estilo, el duelo cabeza a cabeza: todos se sienten variaciones del mismo ejercicio, que es tú contra el circuito y el cronómetro. Eso no tiene que ser malo en sí mismo — hay grandes arcades construidos sobre esa premisa —, pero requiere que los circuitos sean lo suficientemente interesantes como para querer memorizar cada curva, y los de Inertial Drift no siempre llegan a ese listón. Son funcionales, algunos tienen personalidad, pero raramente generan esa obsesión que te hace repetir la misma vuelta veinte veces buscando el derrape perfecto. Y cuando el juego ofrece una carrera de verdad — varios coches, varios rivales — descubres que los vehículos de la CPU son poco más que obstáculos decorativos: no se toca a los competidores, no hay contacto, no hay el caos glorioso que hace que un arcade de carreras te ponga los pelos de punta. Lo que en Ridge Racer era una pelea por posiciones en una pista concurrida aquí es una autopista despejada con un holograma al fondo.
Se le puede defender con facilidad: hay contexto indie que explicarlo todo, el presupuesto justifica las limitaciones, el estudio era debutante. Y es cierto, y uno lo acepta, y luego vuelve a abrir ese diálogo de la historia y lo vuelve a cerrar antes de que termine. Pero esa defensa no cambia que Inertial Drift es un juego con una mecánica de primer nivel y una estructura de contenido que no está a su altura. El núcleo merece una envoltura mejor. Con más pistas, con carreras de verdad con varios coches en pista, con un modo historia que acompañe en lugar de estorbar, este sería uno de esos arcades de referencia que la gente recuerda durante años.
Como está, es recomendable. Con matices y a buen precio, pero recomendable. Porque esa sensación cuando los dos pulgares se sincronizan y el coche traza una curva imposible con precisión de cirujano borracho — eso no lo da ningún otro juego en el mercado. Y eso, en el fondo, es lo único que necesita justificarse.
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Deja Vu el juego! Lindo estilo de arte, cada auto se maneja diferente y se siente la facilidad o dificultad al manejarlos. Bajas la música y pones playlist de Initial D y disfrutas. Buen juego de carreras en base al drift. Recomendado!
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buenardo, luego del modo historia los desafíos y eventos especiales con autos raros se pone asquerosamente difícil y me encanta.
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Las carreras se sienten bien, el concepto y controles son bastante originales creando carreras muy interesantes y disfrutables apoyado de la música que nos ofrece, mi única queja es el apartado artístico, no me malentiendan los autos y las pistas lucen increíbles sin embargo el diseño de personajes y todas las ilustraciones relacionadas con ellos me parecen demasiado desagradables, si pudiera quitaría el modo historia y dejaría solo un árcade con coches, pistas y copas. Y enserio es una pena por que el nucleo del juego es excelente pero esos detalles como los menus que la verdad se notan poco trabajados y en ciertas partes parecen pngs copiados y pegados a la fuerza, le bajan muchisimos puntos para mi.
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20/10 tremenda obra maestra y god, cada coche tiene su estilo de manejo con lo cual es bastante satisfactorio pillarle la forma a cada uno, bastante relajante este game, recomendado y mi primer 100% de un juego es este xd
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cuando desbloqueas varios logros con solo jugar un poco, sabes que es bueno
la verdad, como jugador que el unico juego de carreras que han tocado sus manos siendo maro kart, la verdad se sintio bastante bien jugarlo, se siente bastante divertido Incluso cuando no paras de chocar, es un poco adictivo siendo sincero, ademas, aunque no entendi del todo la mecanica principal, osease, el drift, igual la curva de aprendizaje es bastante rapida y funcional, sumado a eso, los graficos se senten bien, el eurobeat personalmente no me gusta, pero le queda perfecto al juego, en fin
si esto es lo que me espera jugar juegos de carreras que no sean de mascotas de consolas, que magico mundo es en verdad
ademas para lo que ofrece es bastante barato, y oye, en oferta, que joyita
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la dinamica de derapes esta super y el estilo de los graficos es increible que lo diferencia de los otros, descargalo no lo dudes